Autor: Brigitte Suarez Jimenez, profesional de Maestrik


Hoy en día existen muchas claves para fomentar el diálogo en familia, dada la importancia que tiene el poder comunicarnos de manera asertiva para activar un bienestar integral a nivel individual y colectivo.  Para hablar del diálogo familiar es importante entender cada uno de sus componentes de manera separada y establecer las relaciones significativas y esenciales que se desarrollan en la interacción constante de cada uno de estos.

Así pues, es necesario en primera medida, comprender la esencia de lo que significa: familia. Entendiéndose como un microsistema natural que es dinámico, evolutivo y susceptible a factores sociales, biológicos, culturales y psicológicos; por ende, cada familia tendrá diversas particularidades que se ajustarán o no a las diferentes dinámicas de lenguaje y comunicación apropiadas en cada cultura y tiempo histórico. De la misma manera, es importante entender a la familia como una unidad funcional de la sociedad en la que cada individuo ha de ser formado en valores que permitan que cada uno avance en la construcción de relaciones personales, sociales y profesionales; esenciales para un mejor vivir y una sana convivencia.

Seguido de esto, es relevante entender que dentro de la comunicación encontraremos el lenguaje como uno de los medios más importantes para representar, expresar, compartir, enseñar, relacionarnos y evolucionar como especie. Entendiéndolo a su vez desde la etimología de la comunicación que nos habla de “participación” y de “tener parte de o con”.

De la misma manera, dentro del lenguaje debemos comprender que existe una variación entre lenguaje verbal y no verbal que en materia de comunicación familiar será una pieza clave a trabajar, ya que impacta de manera directa en la participación de la familia mediante el diálogo que ejerzan.

Ahora bien, el diálogo es entendido como una conversación entre dos o más individuos que requieren exponer sus ideas con la intención de llegar a acuerdos mutuos. Aspecto en el que muchas familias fallan, ya que asumen el diálogo de una manera unidireccional (en el caso de los padres) marcado fuertemente por los tipos de disciplina o pautas de crianza que no admiten un cambio en sus sistema de creencias (autoritarismo).

Es por esto, por lo que el diálogo debe asumirse en familia desde la perspectiva de un modelo que favorezca la construcción de valores internos de los individuos como la tolerancia, la capacidad de admisión de errores, la comprensión de sí mismos y de los otros como sujetos de derechos, entre otras. El diálogo debe fomentar el intercambio de opiniones, la verbalización de emociones, fortalezas y debilidades; así como la asimilación de diferentes perspectivas de la vida y del entorno que nos rodea.

Comprendiendo esto, es importante aclarar que si no existe el diálogo familiar o las pautas asertivas del mismo, repercutirá sin duda y directamente en la salud emocional, mental y comportamental de los individuos involucrados; extendiendo dichas dificultades a entornos externos como la escuela, el trabajo y otros escenarios sociales relevantes. De igual manera, si no se pautan buenos contextos de diálogo en familia, esto provocará fallas estructurales de gran importancia como los malentendidos, un ambiente familiar tenso y muy posiblemente la presencia de algún tipo de violencia que debilite la estructura familiar.

Es indispensable también entender que no es posible no comunicar, de acuerdo con lo planteado en los estudios realizados sobre los axiomas de la comunicación (Beavin J.H., Jackson Don D. y Watzlawick P.). Es decir, todo el tiempo aún en el silencio y con todo lo que hagamos y/o dejemos de hacer, estamos comunicando. Entonces, también será necesario adoptar dentro de las pautas de diálogo y comunicación “el silencio” como una herramienta vital de diálogo y comunicación familiar que brindará los espacios necesarios y oportunos para poner en práctica la llamada escucha activa. Esta también se trata de una habilidad que debemos propiciar en la familia ya que ésta permite, como su nombre lo indica, escuchar al otro activamente y conscientemente o de manera plena, logrando compenetrarse en el mensaje que el otro intenta comunicar.

Pero ¿qué provoca que existan tantas dificultades a la hora de establecer buenos hábitos de comunicación familiar? Pues como es sabido, la comunicación, el lenguaje y el diálogo son procesos de habituación cimentados en estructuras sociales como la tolerancia, la paciencia, el buen manejo del tiempo, etc., que habilitan o no, la adaptación y apropiación de la habilidad comunicativa intrafamiliar.

En concordancia con esto, un buen diálogo exige a los miembros de la familia que se apropien de las siguientes habilidades:

-La humildad, que nos permite escuchar y entender los puntos de vista del otro sin juzgar y sobre todo comprender que no siempre tenemos la razón.

-Serenidad y paz interior, que nos enseña que las situaciones por sí mismas no son buenas o malas, sino que somos nosotros los directamente responsables de darle el valor según nuestra interpretación personal.

-El humanismo, que nos dicta las pautas para asumir los eventos de la vida con apertura, humor y flexibilidad.

-Empatía, entendiendo esta como el punto de partida para comprender al otro. Nos da la capacidad de ponernos en los zapatos del otro y comprender sus procesos emocionales frente a las diversas situaciones.

-Asertividad, que es la habilidad de conocer nuestros propios derechos y defenderlos desde el respeto por el otro. Expresando las emociones, sentimientos, opiniones, actitudes y deseos de una manera adecuada, clara y sincera, sin afectar los derechos de los demás.

- Y, sobre todo, tener la capacidad de desaprender o despojarse de estereotipos o creencias que hacen del diálogo un proceso inquisidor más que un proceso comunicativo y asertivo.

Entonces, para implementar un buen y acertado diálogo en familia y en especial con nuestros niños, niñas y adolescentes, teniendo en cuenta lo anterior, podemos seguir las siguientes recomendaciones:

  1. Encontrar en el entorno familiar, espacios físicos y temporales que habiliten y propicien los procesos comunicativos en familia. En cuanto a espacios puede ser un lugar especial en casa como la sala o el comedor, o lugares externos como un parque al aire libre que brinde una sensación de calma. En cuanto a los espacios temporales, pueden escogerse las horas de alimentación (como la cena) y/o horarios de ocio familiar (un fin de semana, el día o la hora en que ven algún programa juntos, etc.) en donde todos los miembros de la familia se reúnen en un espacio y momento común. Este tipo de espacios y/o lugares harán que lo que se vaya a conversar no se torne efímero, sino por el contrario, sea de gran importancia para todos y haya un mayor compromiso.
  2. Establecer y entender un adecuado manejo de los roles familiares de acuerdo con la edad y el modo de ser de cada uno. Esto propiciará el respeto, la tolerancia y la asertividad a la hora de comunicar nuestros deseos y necesidades.
  3. Generar acuerdos en familia, ayudará a mantener un ambiente sano, tranquilo y de confianza que permitirá a cada miembro entender con claridad sus roles, sus alcances y sus logros en todo el proceso intrafamiliar. En el caso del momento del diálogo uno de los acuerdo primordiales será el establecimiento de un orden para hablar en el que no se sobrepongan las palabras de unos y otros con lo que se evitan situaciones conflictivas o de malas interpretaciones.
  4. Evitar la crítica (palabras o conductas) que generen daño o no permitan la libre expresión.
  5. Dedicarse tiempo en familia, tanto para los buenos como para los malos momentos, esto fomentará de igual manera un vínculo de confianza y amor.
  6. Hablar abiertamente de temas difíciles o tabú, esto alimentará la necesidad de contar con la familia cuando tengamos dudas sobre situaciones decisivas que puedan afectar a algún miembro de la familia. En el caso de los padres que no se sientan capacitados para hablar de algún tema en específico con sus hijos, deberán acudir a un especialista que brindará las condiciones y herramientas necesarias para hacerlo.
  7. Hablar siempre desde el respeto por el otro evitará malentendidos y el deterioro de las relaciones familiares.
  8. Ser flexibles ante las situaciones que se presenten, siempre con mente abierta y dispuesta a entender los cambios y variaciones que la vida misma conlleva.
  9. Hablar y escuchar siempre desde el optimismo o el lenguaje positivo. Será de gran valor para los hijos que sus padres les transmitan optimismo y confianza para comunicar todas aquellas situaciones de la vida, sean estas agradables o no.
  10. Sonreír, es una de las técnicas más efectivas para fomentar un ambiente de confianza, eliminar brechas y propiciar la confianza. Sonreímos cuando somos felices y cuando estamos en un momento de bienestar. Iniciar nuestro diálogo con una sonrisa abre las puertas de la amabilidad, de la confianza, del amor, del respeto, de la solidaridad y permite que el proceso comunicativo sea más sincero y por ende valioso.
  11. Motivar a cada uno de los miembros de la familia a expresarse de manera libre y espontánea.
  12. Tener cuidado con nuestro lenguaje no verbal, ya que en muchas ocasiones nuestro lenguaje no verbal (o gestual) es mucho más intenso que nuestras palabras. Con él, transmitimos realmente lo que pensamos o sentimos del otro o de la situación en particular. Tendrá nuestro lenguaje no verbal que ser concordante con nuestras palabras y actos, ya que, si no es así, tenderemos a confundir al otro y/o fomentar interpretaciones erróneas.

En general, el diálogo en familia es más que el simple hecho de hablar y/o comunicar algo, involucra aspectos personales y familiares con un alto contenido emocional, que debe ser tomado con la mayor calma y disposición posible para evitar secuelas a largo plazo que deterioren la vida de los individuos que conforman la familia. Se sugiere en determinados casos, que la familia cuente con el acompañamiento de un profesional imparcial que los guíe en tan importante proceso y que inicien con la práctica de habilidades de regulación emocional que ayudará a gestionar el hábito del diálogo de la mejor manera posible según las particularidades de cada familia.


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